¿Feminismo liberal y esterilizaciones forzadas? Reflexiones críticas a partir de las experiencias de las mujeres víctimas de las esterilizaciones forzadas

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Escrito por Valerie Salinas y María Jimenez, integrantes de la Comisión de Género del Centro Federado de la Facultad de Derecho de la PUCP. 

1. REFLEXIONES HISTÓRICAS INICIALES

Se debe mencionar que, en primer lugar, aquellos debates sobre qué hacer con la llamada “mancha indígena” son bastantes antiguos en la historia del Perú. Esta elección política entre la asimilación o la misma exterminación inició en nuestra naciente República. Se puede recordar el diálogo, en el Último Bastión la exitosa serie histórica, cuando la abuela Justina le dice a Miguel que olvide la idea de meterse en “líos de blancos” y que la patria es una invención de los blancos. Le dice: ¿Qué nos asegura que con la Independencia nuestra situación mejorará?. 

Nelson Manríque refiere que esta “República conservadora” fue dirigida por una minoría de criollos. Asimismo, se optó por la realización de políticas de asimilación, dado que era inviable eliminar a esta mancha que constituía la mayoría de la población. El objetivo era “mejorar la raza”, dado que se había mantenido el esquema colonial sobre la superioridad de lo blanco, reivindicando la herencia blanca española y denostando la herencia indígena, así como buscando la homogeneidad, elemento necesario para la construcción del sistema de Estado-nación europeo (1995). Sin embargo, este proyecto de asimilación por medio de blanqueamiento y atracción de migración europea fracasó. ¿Será que las políticas de exterminación directa o indirecta no desaparecieron como solución?. Se confirma que la exclusión política y socioeconómica está en la misma columna vertebral de nuestra “República del Perú”. ¿Será que los cimientos institucionales centralistas y masculinos en Lima y nuestro mismo modelo político unitario que relega a las provincias sólo consolida este?

2. FEMINISMO LIBERAL EN LA ÉPOCA DE FUJIMORI Y EL ROL DE LAS MUJERES EN EL RÉGIMEN FUJIMORISTA

Es, en un Estado centralista y patriarcal, en el que las conductas machistas y la exclusión de mujeres han dominado el escenario del país, así como la falta de consideración de las necesidades de otras mujeres distintas a las de la capital: indígenas, campesinas, entre otras. Ello no significa que no existan intentos para reducir estas desigualdades: los movimientos feministas son de importante relevancia. A fin de explicar los movimientos feministas del Perú es necesario realizar una aclaración. No existe un único feminismo, ya que, al ser un movimiento social y político, este es dinámico y multifacético, por lo que ha cambiado con el transcurso del tiempo. Asimismo, si bien el feminismo es de todas las mujeres, es necesaria la particularidad de cada feminismo de acuerdo al actor político de sus demandas para una mejor configuración de políticas públicas y las medidas planteadas. No todas las mujeres viven las mismas opresiones y eso es real, en tanto el cuerpo vive condiciones materiales diversas y se enmarca en contextos culturales y políticos diferenciados. 

En el Perú, el feminismo experimentó una gran evolución. Mientras en Europa, dicho movimiento inició a mediados del siglo XIX, con la participación de las sufragistas para la consecución del voto femenino, un primer indicio de una agrupación feminista en el país se visibiliza desde inicios del siglo XX con la participación de María Jesús Alvarado. Este primer movimiento peruano tenía características similares a las sufragistas, puesto que sus demandas aún giraban en torno al trato igualitario ante la ley, por tanto, no indagaban en las causas reales de la desigualdad. Esta posición meramente formal ante el problema ha sido asociada con las premisas del feminismo liberal, pues, por ejemplo, plantea que “la causa de la subordinación de las mujeres es la injusta discriminación legal y de otros tipos” (Bodelón, 1998, p.3). En ese sentido, el feminismo liberal afirma que el problema de las mujeres puede encontrar solución en las premisas del sistema y la economía liberal como son la libertad del individuo. Así, se plantean soluciones individuales que dejan de lado el significado colectivo del movimiento e ignoran las realidades de otras mujeres que no pueden encontrar satisfechas sus demandas con la actuación de la ley y el voto, puesto que tienen otras necesidades preocupantes. De esta manera, este feminismo beneficia principalmente a las mujeres privilegiadas. Así, los primeros indicios de feminismo en Perú tuvieron un marcado cariz burgués, la cual es una característica que se mantiene en el tiempo y en el desarrollo del movimiento (Barrientos y Muñoz, 2015). 

Un segundo momento importante para el movimiento feminista ocurre en los años 70. El movimiento se diversifico en tres vertientes importantes: por un lado, se encontraba el feminismo conformado por partidos de izquierda que buscaba analizar la situación real de subordinación, otra vertiente eran los movimientos populares organizados para la subsistencia como los comedores populares y por otro lado, se encontraban los movimientos liberales conformados por partidos políticos (Paliza, 2017). Sin embargo, esta configuración cambia en los años 90 con la caída de la URSS y el debilitamiento de la izquierda, pues contribuye a la disminución de los movimientos feministas basados en partidos de izquierda. Asimismo, el aumento del feminismo liberal fue influido por la presencia de la ideología neoliberalista en los años 90. Alberto Fujimori fue el presidente en el que se introdujo con mayor fuerza y prosperidad dicha corrientes, produciendo grandes cambios. “El neoliberalismo afirma la ideología de la desigualdad social como fundamento para el desarrollo de la competencia y la acumulación de ganancias” (Martinez, 2009, p 65). De esta manera, el régimen de Fujimori fue caracterizado por seguir políticas que fomentaban la modernidad y la maximización de la riqueza económica a partir de medidas económicas que incidían en todos los ámbitos, usando como fundamento de las mismas la libertad individual. Este contexto (el debilitamiento de la izquierda y el neoliberalismo), propiciaron el desarrollo del feminismo liberal en los 90. 

Un tercer punto relevante es que no se debe excluir al momento del análisis el rol que tuvieron las mujeres en el régimen de Fujimori. Anteriormente, las mujeres habían sido relegadas de la vida política y social, permaneciendo en ámbitos de la esfera privada. Sin embargo, el impacto de la revolución sexual de los años 70, el aumento de universitarias en las escuelas superiores y el voto femenino incrementaron el interés de las mujeres por incurrir en la política. En los años 70, se evidenció un primer liderazgo de la mujeres en los comedores populares y en las juntas vecinales; sin embargo, a pesar de constituir un avance en la consecución de espacios, este seguía teniendo un carácter asistencialista y concorde con los roles de género: la mujer en un rol cuidador. Es con Fujimori que, finalmente, se rompe este paradigma, pues permite que las mujeres accedan a un escenario que tradicionalmente ha sido dominado por el espectro masculino. El acceso de las mujeres a la política permite un cuestionamiento a los estereotipos arraigados en la sociedad peruana así como oportunidades para el cambio; en este periodo, se aprueban varios proyectos en favor de las mujeres, como las cuotas de género y la ley de violencia doméstica. El buen recibimiento por parte de un presidente de las políticas en favor de las mujeres era inusual para el país. Por ello, dicha acción generó lealtad y admiración en las mujeres. Sin embargo, dicha inclusión no representaba un verdadero compromiso. El presidente utilizaba ello como legitimación internacional ante el gobierno autoritario y para generar una masa de seguidores leales. Por ello, Blondet mencionó que Las mujeres fueron para Fujimori, parte de un juego de ajedrez. Bien sea como alfiles o como peones del rey”(2002). De todos modos, dicha lealtad afectó al movimiento liberal de la época.

3. LA CAMPAÑA DE ESTERILIZACIONES FORZADAS DESDE LAS EXPERIENCIAS DE LAS MUJERES AFECTADAS 

Sin embargo, no solo Fujimori buscó rodearse de mujeres para aparentar un cierto progresismo, sino que inclusive utilizó este feminismo liberal para recubrir de legitimidad sus políticas de planificación familiar que fueron en realidad esterilizaciones forzadas de mujeres, en su mayoría de espacios rurales, pobres, algunas quechua hablantes y otras mujeres con lenguas étnicamente excluidas en el Perú, sin acceso a educación, entre otros factores que demuestran que esta política estuvo teñida de racismo y machismo y algo inclusive más sórdido: intentos de eliminación cultural. 

Es así que creando una orquesta pro feminista liberal instrumentalizó las consignas de promoción del acceso a medios anticonceptivos, permitiéndole mantener una la imagen adecuada (por lo que le llamaban “soft-dictatorship”). El 13 de noviembre de 1995 él mismo enarboló el discurso del enfoque de género, siendo el único presidente hombre en asistir a la Conferencia Mundial de la Mujer de las Naciones Unidas en China (El Comercio: 2019), obteniendo apoyo así de movimientos feministas e, incluso, un saludo en felicitación de parte de las Naciones Unidas por su asistencia (archivo histórico del LUM). No obstante, un día antes había modificado la Ley de Política Nacional de Población para que incluya las esterilizaciones como parte de los métodos de anticoncepción (El Comercio: 2019). En ese sentido, la base normativa estaba habilitada para lo que después sería su uso como una simple cobertura de apariencia de “política de acceso libre y seguro a métodos de planificación familiar” (Ivana Novoa: 2019). 

Fujimori argumentó en el discurso nacional e internacional que Perú tenía que reducir el tamaño de la familia rural con el objetivo de eliminar la pobreza. En ese sentido, el control de la población rural fue sinónimo de progreso y modernización (Aguinaga Vázquez: 2002, pág. 112). En el fondo, esto era el control del cuerpo de las mujeres rurales, un cuerpo femenino ligado en las culturas peruanas a la procreación y fecundidad. En 1992, las mujeres urbanas tenían una tasa de fecundidad de 2,7 hijos y las mujeres rurales de 5,9 hijos. En consecuencia, se puso énfasis a partir de entonces en el acceso a los servicios anticonceptivos de las poblaciones pobres y rurales (Jelke Boesten: 2007, pág 1). 

Esta, claramente, es una política neomalthusiana, la misma que en su origen unida al darwinismo social (la perspectiva de aplicar la selección natural darwiniana a las “razas”) se configuró como un argumento fuerte para justificar políticas de carácter eugenésico, que en los 80s había perdido vigencia en Europa pero que en el Perú de los 80s de crisis económica y de conflicto armado interno parecía ser una respuesta a la crisis y pobreza generada en zonas rurales. Esto está en consonancia con lo que se observaría desde el derecho penal internacional como un genocidio, dado que, materialmente, el objetivo era la exterminación de una población determinada con características particulares (zona rural, pobreza, indigenismo, quechua hablantes), poblaciones en las que se practicó estas esterilizaciones forzadas e, inclusive, vasectomías en hombres. Sin embargo ante la falta de configuración del elemento doble del dolo intencional se ha descartado que se haya cometido este delito contra la humanidad (José Burneo: 2008), (Ivana Novoa: 2019). ¿Porqué? Las políticas de planificación familiar tenían una cobertura legal y que se basaba en el consentimiento de las mujeres al menos en el papel.

4. TESTIMONIOS DE MUJERES VÍCTIMAS DE ESTERILIZACIONES FORZADAS 

Asimismo, se debe mencionar que el significado del “alcance” de los derechos reproductivos no puede ser el mismo para las mujeres de clase media urbana, que para las mujeres indígenas, en zonas rurales con altos niveles de pobreza y sin acceso a servicios sanitarios, en donde lo comunal y el trabajo obedece a lógicas diferentes a las del trabajo asalariado. Para las mujeres urbanas y algunas organizaciones feministas que pujaban por el acceso a los métodos de control natal en los 70s, tenía que ver con la decisión sobre el propio cuerpo y el desarrollo de su proyecto de vida, pero teniendo los medios económicos para acceder a estos, así como estando en la dinámica de la ciudad en la que el trabajo es asalariado y en el marco de relaciones laborales (Jelke Boesten: 2007). Por ello, en este punto la reflexión sobre los derechos reproductivos pasa necesariamente por esta organización económica diferenciada entre el campo y la ciudad, punto que parece haber estado ausente, de forma claramente “intencional” o por lo menos “cínica”, dado que la problemática del campo, lo rural, la agricultura está ligada en nuestra historia al problema del “indio”, si éste era natural y moral o social y económico. 

En el caso particular de las mujeres esterilizadas, es inevitable reflexionar sobre la relación entre la reproducción, la transmisión cultural y la formación de la identidad femenina en el contexto de la comunidad. Los siguientes testimonios nos permiten enfocar éste aspecto. El siguiente relato pertenece a Meri Luz Guzmán Salas: 

La primera vez que le hablaron de “ligar” en el Hospital Santa Gema de Yurimaguas en Alto Amazonas, en el departamento de Loreto, Mery pensó que la enfermera se refería a lo mismo que le hacía su madre durante el tiempo que estuvo embarazada. “Para mí y para todos los de mi comunidad, ligar es desinflamar con plantas. Cuando estuve gestando me ponían hojas en los pies para bajar la hinchazón, por eso no entendía por qué me debían de ligar si acababa de dar a luz”, recordó. 

Meri tenía 25 años cuando viajó en bote por cuatro horas para salir de su comunidad y llegar al hospital para alumbrar a su quinto hijo. “Me llevaron a las 8 de la mañana a la sala de operaciones, pero yo no quería. Solo recuerdo que me inyectaron la anestesia y luego desperté al oír el llanto de mis hijos […]“Cuando llegué a casa, mi mamá me preguntaba por qué me habían cortado, pero ni ella ni yo sabíamos lo que era esterilizar. Luego la enfermera me dijo que nunca más podría tener hijos. Ahí comprendí lo que me habían hecho”, comentó indignada. Tres años después de la operación, y a raíz de una infección mal curada, le detectaron cáncer y tuvieron que retirarle todo el aparato reproductor. “¿Cómo cree que me siento ahora? Desde ese día sufro enfermedad tras enfermedad, dolor tras dolor. ¿Cómo se puede vivir así?” 

Otro relato relevante es el de Francisca Meléndez: 

Este es el caso de las mujeres en Huancabamba quienes tenían como práctica cultural fomentar el tejido en kallwa, el cual era traspasado de generación en generación el cual se vió afectado producto de las operaciones sufridas. « […] Para trabajar, por ejemplo para tejer ofende aquí, no es como sano. […] por la operación […] de aquí (señala el vientre) no se puede tejer, yo tengo que tejer en el estómago y duele […] Si pues porque topa aquí (señala el vientre), yo tejo acá arriba […] pero ya no tanto, todos los días me hace daño, ya no quedas bien, me arde la barriga, el cerebro, me han dicho que es por la debilidad» (Santos

Manchay Castilla. Entrevista Nº 144827) […] No, antes tejía, después de la operación, ya no. […] Me duele, es mucha fuerza con la kallwa, me duele mucho la cintura, porque choca aquí (señala el vientre) cuando me amarro» (Francisca Meléndez. Entrevista N°102347)”1(Citado en Marisol Gonzales y Valerie Salinas, texto extraído de Alejandra Bailon: 2014). 

Un testimonio representativo es el de Rute Zúñiga, ella relata que le dijeron que debía ir al centro de salud para que le den vitaminas y vacunen a su bebé. Ella fue forzada por las enfermeras a echarse en una camilla. Después, empezaron a preguntarle la cantidad de hijos que tenía y todos los detalles de su vida sexual y reproductiva. Ella comenta que el médico ni siquiera esperó a que estuviera lo suficientemente sedada y empezó a cortarle, por lo que ella pudo ver cómo la cortaban mientras sangraba. Más adelante, cuenta que se recuperó pero al año de lo ocurrido no pudo trabajar más porque sufría dolores fuertes en el vientre, en la cabeza y a veces caía enferma. Su dinámica familiar se alteró gravemente y no podía trabajar más en la chacra con su esposo. En la actualidad, relata que no pudo tener más hijos por lo que vive en condiciones precarias y tampoco hay forma de que ella trabaje, solo su esposo lo hace y le cuestiona constantemente por sus enfermedades (Natalia Marrujo: 2021). 

Esto nos permite comprender que la afectación y consecuencias de las esterilizaciones forzadas son multifacéticas y multidimensionales. Esto es algo aún pendiente por profundizar en el estudio y memoria de lo ocurrido. Desde el enfoque de los derechos humanos, se ha analizado básicamente como una vulneración del derecho a la integridad física y psicológica así como el derecho a la vida en sede interna. Además, en el caso de solución amistosa de Mamérita Mestanza, cuando se llevó su petición ante la Comisión interamericana de derechos humanos, el Estado reconoció la responsabilidad por la esterilización forzada y la violación de los artículos 3, 4, 7, 8 y 9 de la Convención de Belém do Pará y la vulneración del derecho al libre consentimiento (Informe N 71/03: 2003). No obstante, muchas de las mujeres sometidas a esterilizaciones forzadas perdieron la posición que tenían en sus comunidades e incluso, dentro de su familia, lo que permite comprender que existió una grave afectación material, tanto en sus identidades culturales, como en el rol económico y seguridad que ostentaban. En la actualidad, es claro que estas políticas no solo agravaron la situación económica de estas mujeres, sino cómo reforzaron los roles relacionados a las mujeres respecto de la reproducción y cuidados. Ellas no pueden cumplirlas más por lo que testimonian sentirse inválidas. 

¿Fue una política de eliminación cultural?. Por un lado, la respuesta es sí, dado que se buscó reducir compulsivamente a un determinado grupo poblacional en las zonas rurales y el foco de la violencia estatal fue el cuerpo de las mujeres racializadas y en condiciones de precariedad. ¿Tener menos hijos aliviaría su pobreza? Esto que puede verse como una consigna feminista liberal es solo cierto para mujeres en la ciudad que pueden acceder a trabajo asalariado y específicamente para clase media-alta y alta. En el campo, lugar de trabajo colectivo no parece ser ese el eje de desarrollo económico y derechos reproductivos. Por otro lado, la respuesta es no, si se pretende partir de lo que decían las normas, pero si eso bastará para llegar a conclusiones el Perú debería ser un lugar sin discriminación racial ni e por el género, por lo que es grave que aún se pretenda sostener que como el papel normativo era acorde a derechos es suficiente. El derecho es práctica social y no se agota en las normas, por lo que lo más relevante es cómo está política de “planificación familiar” afectó, destruyó y desbarató las relaciones familiares, comunales y los lazos de identidad de las mismas mujeres afectadas. Más aún cuando el consentimiento de estas mujeres no fue efectivo ni real y las consecuencias son pérdidas culturales graves, secuelas físicas que imposibilitan el trabajo, así como el estigma familiar y comunitario. 

Es también, altamente cuestionable que la Comisión de la Verdad y la Reconciliación decidiera excluir la investigación de las esterilizaciones forzadas, no solo porque las víctimas tuvieron que esperar mucho más para tener algún tipo de reparación al no ser incluidas en el programa de reparación de víctimas del Conflicto Armado Interno, sino especialmente porque la falta de una investigación pronta y sería de lo ocurrido claramente redujo sus probabilidades de obtener justicia, más aún cuando en este caso están involucrados funcionarios con poder político del sector Salud. 

En setiembre del 2000, poco después de que el gobierno reformará el Programa de Planificación Familiar (debido a los informes de la Defensoría del Pueblo que apuntaban a las cuotas, falta de consentimiento informado, coacciones y amenazas, etc) se inició la transición del Perú a la democracia” (Joselyn Getgen: 2009, pág 20). Sin embargo, tal como expresa Joselyn Getgen, a pesar de que el mandato de investigación de la CVR era amplia, la interpretación de lo que debían investigar fue restringida, más aún cuando sí investigaron otros crímenes cometidos en el contexto de corrupción política no relacionado a la insurgencia o contra insurgencia, pero que claramente eran relevantes para las élites políticas y económicas del país (2009, pág. 20, 23-25) . ¿Cuán relevante puede ser lo sucedido a estas mujeres en un Estado blanco, centralista y patriarcal, más aún cuando partidos como el fujimorismo tienen hoy un amplio apoyo en sectores políticos, empresariales y religiosos?. 

5. A MODO DE CONCLUSIÓN

En primer lugar, el movimiento feminista peruano de los años 90 fue principalmente liberal y poco cuestionador del régimen de Alberto Fujimori. Dichas características dependieron tanto de la historia del feminismo peruano, la predominancia de las clases privilegiadas entre los mismos y la falta de descentralismo, como de los cambios ocurridos en los años 90, la predominancia del neoliberalismo y el desprestigio de la izquierda a raíz de la caída del régimen soviético, lo que originó que los movimientos sociales dejarán atrás la idea de “reformas estructurales”. Con la transición democrática, se revive el componente crítico del movimiento. 

En segundo lugar, Fujimori defendió el llamado enfoque de género y logró instrumentalizar dicho concepto porque el raigambre justificativo venía de un feminismo liberal, el cual parte de la libertad de las mujeres y en el marco de la procreación y la reproducción se consideró que reducirla iba a reducir la pobreza y, por ende, mejorar la vida de las mujeres rurales. Así, se encubrió que la relación entre derechos reproductivos y desarrollo económico no sigue el mismo patrón en el campo y en la ciudad porque las relaciones de trabajo son diferenciadas, e históricamente se ha subordinado las dinámicas de propiedad colectiva o comunales, así como modificar los patrones de género de forma vertical solo permitió un reforzamiento y grave ruptura en la identidad y posición cultural y económica de las mujeres afectadas al nivel de sus relaciones comunales y familiares. Desde sus testimonios, se observa que el estigma las acompaña aún y que muchas tuvieron que dejar sus comunidades, fueron abandonadas, incluso, por sus esposos y cómo no tienen hijos que trabajen la tierra en su adultos y vejez, esto precariza aún más esta situación de ruptura y transformación de la vida que llevaban 

En tercer lugar, lo que se ha sugerido de forma sugestiva en este artículo es que esta política de planificación familiar es parte de esta rancia trayectoria de las élites políticas de eliminar lo indígena, los modos de vida y sus tradiciones culturales que empañan la peruanidad blanca, ligada al desarrollo económico, a la capital limeña y la cultura occidental desde el discurso de poder político. Las justificaciones y la cobertura han cambiado con el tiempo y, en el caso concreto, de Fujimori se centraron en partir de un discurso feminista liberal compatible con el enfoque de derechos humanos para permitirle mantener una buena imagen internacional, lo que significa apoyo internacional e interno a su política de esterilizaciones forzadas. En el discurso, reducir la población rural por la pobreza parecía tener sentido. Sin embargo, ¿qué significa en el Perú realizar algo así, a la luz de nuestro racismo institucional en nuestra aún “República conservadora”? Básicamente, controlar, utilizar y modificar al antojo de los planes o cuotas de ligaduras de trompas los cuerpos de mujeres rurales. Todo en el marco de un discurso que abanderaba los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, sin analizar ni cuestionar cuál había sido la dinámica de trabajo en las comunidades y familias del campo, a qué se debe la pobreza y cuáles son sus causas estructurales.

REFERENCIAS 

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