Antuca (1992): una aproximación a la realidad de las trabajadoras domésticas en el Perú desde los derechos humanos

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Escrito por Roxana Monsalve, miembro de la Comisión de Diálogos Humanos del Equipo de Derechos Humanos.

El arte, en especial el audiovisual, siempre ha sido el mecanismo por excelencia mediante el cual se logran retratar diversos relatos, historias y vivencias desde numerosos puntos de vista. Sin embargo, es cierto que existen determinados temas y realidades que tienen más visibilización y llegada que otros. En el cine peruano, poco se ha buscado poner en escena situaciones relacionadas a la opresión que se ejerce sobre ciertos grupos sociales vulnerables, como por ejemplo las trabajadoras domésticas. No obstante, es necesario rescatar una de las pocas películas que sí logró exponer esta problemática en la pantalla grande: Antuca. Esta película, materia de análisis del presente artículo, fue dirigida por María Berea y se estrenó en el año 1992. Su protagonista principal, Antuca, es una mujer andina que fue llevada desde muy joven a Lima a trabajar como empleada doméstica, lo cual la condenó a sufrir una serie de abusos verbales, físicos e incluso sexuales por parte de sus “patrones”. A pesar de ello, Antuca consiguió huir y encontró refugio en una asociación de trabajadoras domésticas, en donde todas formaron una red de apoyo mutuo.

Antuca resulta ser una pieza clave para visibilizar la realidad de aquellas mujeres peruanas que se vieron obligadas a abandonar su familia para conseguir un mejor futuro en la capital. Además, es una película que se preocupó por aproximarse de manera realista a las vivencias de aquel sector femenino que resulta más vulnerado: las mujeres andinas. Como se sabe, en el Perú hubo un fenómeno de migraciones del campo a la ciudad, en el cual muchos peruanos y peruanas buscaban mejores oportunidades y condiciones de vida. Lamentablemente, tal y como retrata la obra cinematográfica, lo que usualmente acontece, sobre todo en el caso de las trabajadoras del hogar, es que son sometidas a maltratos de toda índole, de modo que sus derechos son transgredidos e invisibilizados. En ese sentido, el hecho de que películas con esta temática existan permite visibilizar la situación de vulnerabilidad en la que se encuentra este grupo.

Sobre esta base, el presente artículo pretende abordar la problemática de las trabajadoras sociales en general. No se dejará fuera de análisis el componente étnico y racial que se encuentra presente en este dilema, pero se hará un énfasis especial en las transgresiones que la mayoría de ellas sufre por motivo de su género. Según estadísticas, el número de trabajadoras del hogar ha estado aumentando en los últimos años: en marzo del 2019, se registraron 400 mil trabajadores del hogar, siendo que el 96% de dicha población son mujeres [1]. Por otro lado, un estudio del Ministerio de la Mujer reveló que el 91.9% de trabajadores del hogar provenían de departamentos ubicados al interior del país, siendo la gran mayoría mujeres también [2]. Considerando la gran cantidad de trabajadoras del hogar que hay hoy en día, resulta preocupante que, tan solo en el 2018, se registraron más de 1.686 denuncias por agresiones físicas y psicológicas a trabajadoras del hogar [3].  Adicionalmente, un estudio llamado “Detrás del Mandil”, realizado por el Ministerio de la Mujer, evidenció que el 28% de las trabajadoras encuestadas aseguró haber sido víctima de hostigamiento sexual, situación que se agrava por el hecho de que un 13.8% fue víctima de violación sexual por parte del “señor de la casa” o alguno de sus hijos varones [4].

Todas estas situaciones se ven reflejadas en Antuca. La protagonista experimenta no solo constantes agresiones verbales por parte de sus “patrones”, sino que, además, es víctima de violencia física (bofetadas, por ejemplo), así como también sexual por parte del hijo de su empleador. Asimismo, a Antuca no se le permite acudir al colegio, pues consideran que es un gasto innecesario que puede ser dejado para después. Así, como Antuca, existen muchas mujeres en el país que padecen este tipo de situaciones. Una de las principales razones por las que esto acontece es la idea que todavía persiste en nuestra sociedad de que el trabajo que se realiza en los hogares no es verdaderamente un trabajo. A esto se le debe agregar el hecho de que la mayoría de personas que realiza este tipo de actividades son mujeres. Así, teniendo en cuenta que el trabajo de las mujeres ya es de por sí infravalorado por el simple hecho de ser actividades asociadas a la feminidad, el trabajo doméstico es doblemente estigmatizado e invisibilizado por la condición de las mujeres que lo realizan, al ser mujeres de escasos recursos económicos e históricamente discriminadas por su origen étnico. Ello da prueba suficiente de la marginación y discriminación que sufren las mujeres andinas al ejercer como trabajadoras del hogar en nuestro país. 

Respecto a ello, es necesario mencionar que, en el artículo 2 inciso 2 de nuestra Constitución, se proscribe la discriminación por motivo de origen, raza, sexo, idioma, religión, opinión, condición económica o de cualquiera otra índole. Asimismo, el artículo 5 de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer establece una exigencia al Estado de promover medidas que eliminen “los prejuicios y las prácticas consuetudinarias y de cualquier otra índole que estén basadas en estereotipos y que perpetúan ideas de subordinación e inferioridad de un sexo por encima del otro” [5]. Por su parte, el Estado emitió, en el 2003, la Ley N°27986 – Ley de los Trabajadores del Hogar con la finalidad de erradicar el problema de formalización del trabajo doméstico, así como también la violencia que podrían vivir dichos trabajadores y trabajadoras en el hogar. No obstante, el reconocimiento de los derechos laborales fue parcial y, además, no se implementaron los mecanismos suficientes para lograr su cumplimiento [6]. Por otro lado, al ser un mecanismo enfocado en trabajadores y trabajadoras, se dejaron en un segundo plano las cuestiones que aquejan a estas últimas para hacer énfasis en el reconocimiento de este tipo de trabajo como tal.

No fue sino 17 años después que entró en vigencia, el 1 de octubre del 2020, la Ley N°31047 – Ley de las Trabajadoras y Trabajadores del Hogar, la cual, como se puede apreciar, posiciona en primer lugar a las trabajadoras en su denominación. Esto, más allá de ser un dato aleatorio, simboliza el compromiso del actual gobierno en eliminar toda forma de discriminación, maltrato o vulneración a los derechos de las trabajadoras del hogar, las cuales merecen especial tratamiendo debido a la magnitud de problemáticas que las aquejan. Así, por ejemplo, la ley introduce cuestiones como la protección de la maternidad, la prevención y sanción del hostigamiento sexual, la migración laboral protegida y la prohibición de prácticas tales como el uso de vestimentas identificatorias en espacios públicos. Esto, sin duda alguna, supone un gran paso para el reconocimiento de los derechos de las trabajadoras del hogar. 

En síntesis, Antuca es una película que invita al espectador a reflexionar sobre la problemática del trabajo doméstico que se vive en nuestro país, así como también permite la concientización, no solo de nuestros legisladores, sino también de la población en general acerca de la situación de vulnerabilidad en la que las trabajadoras se encuentran. El buen trato y las buenas condiciones laborales no deberían ser un privilegio para nadie, pues son derechos que nuestras disposiciones constitucionales y convencionales reconocen como inherentes a toda persona. Por otro lado, si bien es destacable la labor que ha realizado el Congreso en el reconocimiento de los derechos de las trabajadoras, es necesario que, en la práctica, también se empleen los mecanismos necesarios para que los mismos puedan ser ejercidos sin distinción alguna. Así, nos corresponde a nosotros como ciudadanos y ciudadanas responsables denunciar cualquier acto de violencia y/o discriminación en contra de cualquier trabajadora doméstica, pues solo así podrá asegurarse que la situación en la que tuvo que vivir Antuca deje de ser la norma en nuestros tiempos.

Referencias:

[1] Kajatt. C. (2019). Las trabajadoras del hogar en el Perú: contexto actual, evolución normativa y posibles cambios.THEMIS, 41, 33-41. https://revistas.pucp.edu.pe/index.php/themis/article/view/21946

[2] Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables. (2009). Trabajadora y trabajador del hogar. Tú tienes tus derechos, conócelos y exígelos [documento informativo]. https://www.mimp.gob.pe/files/direcciones/dgignd/publicaciones/Cartilla_TrabajadorasFinal.pdf

[3] Tapullima, G. (2019). Expedientes del abuso: el riesgo de ser trabajadora del hogar en el Perú. Ojo Público. https://ojo-publico.com/especiales/hogares-inhospitos/reportajes/expedientes-del-abuso-el-riesgo-de-ser-trabajadora-del-hogar-en-el-peru/

[4] Viviano, T. (2007). Detrás del mandil: trabajadoras del hogar, víctimas del maltrato y hostigamiento sexual. Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables. https://www.mimp.gob.pe/files/programas_nacionales/pncvfs/detras_del_mandil_mimdes.pdf

[5] Organización de las Naciones Unidas. (1981). Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer. https://www.ohchr.org/sp/professionalinterest/pages/cedaw.aspx

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