The Promised Neverland: Reflexiones en torno a la degradación de la dignidad humana en la ficción y la realidad

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Mariel Abad, miembro de la Comisión Diálogos Humanos del Equipo de Derchos Humanos

El anime japonés se ha posicionado en la industria de la animación en los últimos años. Una de las claves de su éxito a nivel mundial radica en la facilidad de adaptación a las diferentes industrias de entretenimiento que prevalecen en Japón. Un acercamiento a la transformación de la narrativa japonesa es el traspaso del manga, cómic japonés, al anime. Asimismo, es de valorar el rol transcultural que cumple el anime, pues logra expandir la religión, la lengua, el folclore e ideas niponas al mundo entero al posicionarse como un producto de la cultura popular internacional [1]. De modo que, el anime en el mercado internacional, se adapta a las necesidades del público sin dejar de lado en su narrativa la cultura japonesa. Es en este sentido,  lo religioso y sobrenatural resalta en algunos géneros de anime, muchos de los cuales presentan demonios, poderes sobrehumanos y mundos distópicos. Tomando en cuenta los rasgos más típicos de este producto audiovisual japonés, cabe preguntarnos si podemos analizarlos desde una perspectiva de derechos humanos.

Emma, Norman y Ray viven felices en un pequeño orfanato, tienen comida fresca, una educación de calidad y el amor de alguien a quien llaman “mamá”. Este es el inicio de The Promised Neverland o Yakusoku no Neverland, manga escrito por Kaiu Shirai e ilustrado por Posuka Demizu. Su primer capítulo fue publicado el 1 de agosto de 2016 y finalizó el 14 de agosto del 2020 [2]. Debido a su gran éxito, fue adaptada al ánime del mismo nombre bajo una entrega de dos temporadas, la última fue estrenada en Japón a inicios del 2021 [3]. El presente análisis girará en torno a las dos temporadas del anime Yakusoku no Neverland, pues, este no ha adaptado todos los detalles del ánime por lo que guarda sus respectivas peculiaridades. 

En primer lugar, hemos de desarrollar la trama principal sobre la que giran las dos temporadas de este anime. En el orfanato Grace Field House viven 38 niños que, aunque sin lazo sanguíneo, viven como una familia bajo el cuidado de mamá. Los niños y niñas son adoptados cada cierto tiempo a partir de los 6 años dejando la promesa de enviar cartas desde sus hogares adoptivos. Sin embargo, Emma, Ray y Norman conocen la verdad de sus propias existencias cuando, al espiar la adopción de Conny, se dan cuenta que en realidad el orfanato es una granja de carne humana y ellos son los productos estrellas. Capítulos después se va comprendiendo la separación del mundo entre humanos y demonios, estos últimos consumen carne humana para sobrevivir y desarrollarse. Precisamente, la granja Grace Field es una de las pocas que quedan con el único objetivo de producir y criar carne humana de alta calidad. 

En este sentido, los niños y niñas son solo productos para el consumo de los Demonios de más alto rango y estatus, quienes pueden pagar los altos costos que representa la carne de calidad que se produce en el orfanato. El anime muestra la más aterradora desvalorización de la dignidad humana, más aún cuando las cuidadoras de los niños en las granjas son reclutadas y adoctrinadas para justificar el sistema de granjas para preservar sus propias vidas. Emma, Ray, Norman y los demás niños de las otras granjas son un objeto para el aprovechamiento de los demonios, alejados totalmente de su calidad de seres humanos. Ello aún cuando existe un mundo humano más parecido al contemporáneo en el que sí se respeta la dignidad de las personas, en el que no son objetos sino sujetos de derecho. Recordemos que la dignidad humana es reconocida en instrumentos internacionales y nacionales como el valor básico inherente a todas las personas “que fundamenta la construcción de los derechos de la persona como sujeto libre y partícipe de una sociedad” [4].

En segundo lugar, la crudeza con la cual se plasma la vulnerabilidad humana en Yakusoku no Neverland, nos lleva a reflexionar sobre el valor de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los seres humanos en el mundo contemporáneo. De acuerdo al preámbulo de la Declaración Universal de Derechos Humanos, “el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad” por lo que la aspiración más elevada es la construcción de un mundo en los que los seres humanos vivan liberados del temor y la miseria, en el que disfruten de sus derechos en igualdad [5]. Ello nos acerca a reconocer las atrocidades que el ser humano puede cometer contra sus pares al negarles derechos inaleneables e intrínsecos, tal como sucedió durante la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto y en la ficción, en Yakusoku no Neverland.

Es inevitable asociar la instrumentalización de la vida humana en Yakusoku no Neverland con las atrocidades cometidas durante el Holocausto y otros genocidios que tuvieron lugar en la historia. La misma noción de derechos humanos se justifica en la afirmación de la dignidad de la persona frente al Estado. En este sentido, los derechos humanos son el “reconocimiento de que toda persona humana, por el hecho de serlo, es portadora de atributos autónomos que deben ser reconocidos y protegidos por el Estado” [6]. Esta premisa queda olvidada en el anime en análisis pues, el régimen totalitario que ordena la vida de Demonios y humanos desconoce la dignidad inherente de todos las personas en ese Mundo, y por ende, sus derechos humanos.  En este sentido, nos preguntamos cuál es la justificación que precede la degradación de la vida humana por parte de los Demonios en Yakusoku no Neverland. Este mismo cuestionamiento surgió desde la teoría éticopolítica frente al descubrimiento de los sucesos cometidos por el régimen totalitario nazi al termino de la Segunda Guerra Mundial.  

Desde la perspectiva kantiana, el imperativo categórico reposa en la premisa de que todo individuo es capaz de pensar y ejercer su capacidad de juzgar mediante el sentido común, el cual lo lleva a conceptualizar a sus semejantes como iguales. Sin embargo, la teoría propuesta por Kant no puede explicar cómo juzgar a un sujeto que comete un mal radical y que no puede juzgar desde el sentido común la moralidad de sus propias acciones y las de otros. Hanna Arendt formula una propuesta para comprender la dimensión del mal radical. Para ella, el mal absoluto se relaciona a las acciones que hacen de los seres humanos superfluos, lo que no significa usarlos como medios, sino volverlos superfluos pese a que son seres humanos [7]. Esta definición describe la relación demonio-humano en Yakusoku no Neverland, ya que los Demonios que controlan el “Mundo de los Demonios” y el sistema de granjas vuelven superfluos a los seres humanos sin despojarlos de su esencia. Es esta condición, su esencia humana, la que hace que sean instrumentalizados en las granjas en beneficio de su especie. 

Finalmente, la ficción en el anime se presta para preguntarnos cómo un Estado puede quitar la vida cuando es esta vida lo que se compromete a garantizar por definición. Precisamente, en los sistemas totalitarios el asesinato y el exterminio se explican como una necesidad para la preservación  de  la  vida colectiva. Según la doctrina del régimen nazi, “el otro o El anormal  se  constituye  en  un  peligro  para  el  sujeto  colectivo  y  que  por  lo  tanto  debe  ser  aniquilado” [7]. Bajo esta misma lógica, los Demonios en Yakusoku no Neverland preservan la vida de la colectividad en base al control absoluto sobre “el otro”: los niños, niñas y adultas humanas cuyas vidas sirven para mantener el status quo. Pese a que son niños, no puede ocurrir ningún error o libertad frente a su sufrimiento, pues representaría un grave peligro para el sujeto colectivo. Es por ello que existe un riguroso sistema de seguridad, el reclutamiento de las “mamás” y el reforzamiento del ideario de la inexistencia de dignidad humana. 

A modo de conclusión reafirmamos el valor cultural, artístico y metodológico de los mangas y animes japoneses. En especial, Yakusoku no Neverland se presta para homologar los sucesos de la ficción con la realidad a fin de comprender los regímenes que lograron degradar la dignidad humana e instrumentalizar la vida de millones de personas en nuestra historia. Marcado por lo sobrenatural, este anime trasciende el mero entretenimiento para mostrarnos cómo funciona el mal radical. Para preservar la vida y el status quo, los Demonios deberán controlar cada aspecto de la vida de Emma, Ray y Norman, y, en el camino, despojarlos de su dignidad humana, centro de los derechos humanos. 


Referencias:

[1] Gil, E. (2020). El anime como elemento transcultural: mitología, folclore y tradición a través de la animación. BSAA arte, 86, 413-436. 

[2] Shirai, K. (2016-2020). Yakusoku no Neverland [manga]. Weekly Shonen Jump. 

[3] Fukushima, Y. (productor). (2019-2021). Yakusoku no Neverland [anime]. CloverWorks.

[4] García, A. (2007). La Dignidad Humana: Núcleo Duro de los Derechos Humanos. IUS. Universidad Latina de América. https://ti.unla.edu.mx/iusunla28/reflexion/La%20Dignidad%20Humana.htm#_ftn3

[5] Asamblea General de las Naciones Unidas. (10 de diciembre de 1948). Declaración Universal de Derechos Humanos. https://www.un.org/es/about-us/universal-declaration-of-human-rights 

[6] Nikken, P. (2008, 18-19 de agosto). Los sistemas internacionales de protección de los derechos humanos: la perspectiva del acceso a la justicia y la pobreza [ponencia]. XXVI Curso Interdisciplinario en Derechos Humanos, San José, Costa Rica. https://www.corteidh.or.cr/tablas/r23706.pdf 

[7] Guzmán, A. (2018). Aporías frente al mal radical: de la perplejidad a la intangibilidad de la dignidad humana. El Ágora USB, 18(2), 544-556. 

Imágenes: 

https://www.youtube.com/watch?v=WKt0pnYuRfE

https://yakusokunoneverland.fandom.com/es/wiki/

https://elpalomitron.com/critica-anime-the-promised-neverland/ 

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