Entrevista a Claria Salinas sobre activismo ecofeminista estudiantil

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En el marco de la Semana Ecofeminista, en colaboración entre Conexión Ambiental y el Área de Investigación del Equipo de Derechos Humanos, se han realizado diversas entrevistas. Claria Salinas, miembro extraordinario del Equipo de Derecho Ambiental de la PUCP y egresada de Derecho de la misma casa de estudios; nos concede una entrevista acerca del activismo ecofeminista estudiantil.

1) En los últimos años, el feminismo ha tomado un rol protagonista en la evolución del Derecho. Por ejemplo, ha empujado reformas cruciales como la legalización del aborto en algunos países de Latinoamérica. En el caso del Ecofeminismo, el símil entre la relación de opresión del medio ambiente, y el de las mujeres ha despertado a miles de mujeres activistas que, desde sus diversidades, están dispuestas a defender su medio de vida. De ese modo, este movimiento feminista ha encontrado una ventana de acción directa en nuestra álgida realidad social al rededor de reivindicaciones como la custodia del territorio, la defensa de la soberanía alimentaria, entre otras. 

En ese sentido, desde su experiencia, ¿cuál considera, que ha sido el rol principal de las mujeres en la defensa del desarrollo sostenible de la sociedad actual? 

Históricamente las mujeres venimos practicando más una gestión sostenible de los recursos naturales que los varones. Desde el momento prehistórico en el que los varones se encargaron de las actividades como la caza y nosotras a actividades de la casa, crianza, recolección y cultivo de hierbas hemos estado más asociadas con la vida de otros seres vivos; y por tanto más conscientes de que nuestra vida humana depende de la vida de otros seres y si se acaba algo también nos faltará a nosotros.

Pero, históricamente son esas actividades relegadas a la mujer las que han sido y son minorizadas; por eso surge el feminismo, el ecofeminismo: para visibilizar que lo que hacemos nosotras también es tan importante como las otras actividades, que tampoco deben ser actividades que meramente nos competen como mujeres ni nos determinan y que tanto varones y mujeres deben involucrarse.

Entonces, para mí el rol principal de las mujeres, aunque creo que hay muchos, ha sido esa conciencia del estado de subordinación al que la sociedad nos ha sometido, y en términos de reinvidicación ecológica ello es fundamental porque se enlaza con otras miradas. Pues, así como se desvaloriza el papel de la mujer, la función de la naturaleza también es desvalorizada. Pero es la naturaleza tan importante para nuestra vida, dependemos de ella para todo y somos parte de ella.  Y el ecofeminismo cuando desarrolla su noción de ecodependencia lo que nos dice es que el hombre no es el centro, no más mirada antropocéntrica, porque la existencia humana está determinada por toda la naturaleza que tanto se desvaloriza. Por tanto, para su preservación es necesario universalizar el cuidado; las actividades de cuidado no solo competen a las mujeres  si no a todos y no solo un cuidado de humanos hacia humanos sino también con todas las especies y la naturaleza.

2) Ahora bien, el ecofeminismo sirve como una herramienta de cambio social que debe ser usada para contribuir al empoderamiento de las mujeres. Por ende, es importante que en las instituciones educativas se abra debate sobre este tema.

En ese sentido, desde su experiencia, ¿considera que, en sus espacios de desarrollo estudiantil, se diálogo sobre este tema? 

En los últimos años hay mayor visibilización en distintos espacios estudiantiles, como otros, sobre la participación femenina en diferentes procesos históricos. Desde mi experiencia la Universidad ha sido el espacio donde conocí, escuché y aprendí más sobre ello; en la escuela no tanto. Ahora bien, si hablamos solo de participación y empoderamiento femenino tenemos solo una mirada feminista, y el ecofeminismo no solo es feminista si no que tiene también una reflexión por la ecología. En ese sentido, no creo que deba entenderse al ecofeminismo o reducirlo a que se trata de una corriente más que contribuye con el empoderamiento de las mujeres; porque la lucha ecofeminista está pensando en todo ser vivo, porque es también una lucha antiespecista, una lucha por la naturaleza toda en su conjunto y no solo la humana. Y aquí, es donde creo hay muy pocos espacios que permitan el desarrollo de estas ideas. Lamentablemente los espacios educativos como la escuela, la universidad, etc. están más preocupados por reflejar los pilares de una cultura consumista, que es característica de nuestra sociedad. Aún hay muy poca reflexión y promoción en esto que se llama economía circular, el feminismo desarrolla una economía feminista que es también economía circular y sobre todo ello no hay espacios de debate ni de reflexión.

3) Por otro lado, las manifestaciones feministas son expresiones de su organización y compromiso social en construir una mejor sociedad. Es decir, es imprescindible el activismo. 

Ergo, desde su experiencia, ¿de qué forma, usted manifestó su activismo ecofeminista durante su etapa como estudiante universitaria? 

Para mí tanto el feminismo como el ecofeminismo es un camino de vida.  Mi acercamiento a ambos ha sido profundamente personales e íntimas; que después se convierten en decisiones que a una le cambian la vida.

Desde la conciencia por la basura que produzco día a día, cómo disminuir ello, cómo gestionar mejor mis residuos, etc. me di cuenta que estamos rodeados de productos que son difíciles de degradarse pero que cumplen funciones en actividades tan orgánicas y cotidianas que realizamos. Entonces, empecé a investigar al respecto, me empapé de toda la información y decidí cambiar empezando por el uso de productos de limpieza y cuidado personal que en su mayoría son industriales, por opciones ecoamigables y en lo posible libre de químicos industriales para que puedan degradarse y no generan tanto impacto.

En concreto fue el cambio que tuve hacia el uso de la cosmética natural y productos de autocuidado: shampoo, jabones; lo cual hizo que mi cuerpo, la relación con mi cuerpo mejore por el uso de estos productos. En esa línea, otra experiencia que fue determinante para mí fue con los productos de gestión menstrual.  Pues, en mi afán de disminuir la basura que produzco, disminuir el uso de productos de un solo uso, me fastidiaba tener que usar toallas higiénicas, que son elaboradas de plástico; entonces decidí buscar otras opciones en la que encontré la copa menstrual. Y en el tránsito al uso de la copa menstrual tomé conciencia de cómo la gestión convencional de la menstruación, el uso de toallas higiénicas y tampones, reflejan una perspectiva en donde nosotras las mujeres debemos olvidarnos de nuestra menstruación. Eso es lo que ofrece la publicidad de estos productos: “comodidad, practicidad, seguridad”; este mercado nos enseña que nuestra menstruación nos incomoda, no nos hace productivas en esos días, huele mal, se ve mal. Y eso no es así, la menstruación no tiene por qué avergonzarnos, no tenemos por qué esconderla; pero esto sigue siendo un gran tema tabú que aún incomoda en muchos sentidos. En cambio, al usar un producto como la copa menstrual que es muy diferente a los productos convencionales porque está pensado para durar mucho tiempo, una copa puede usarse durante 10 años; no está asociado con lo “práctico” como sí las toallas higiénicas; además, el uso de la copa menstrual involucra que seamos conscientes de nuestra menstruación, porque nos tocamos mucho más, por tanto nos demoramos más, nos tomamos más tiempo; y eso es lo que el mercado no busca,  todo en esta sociedad  debe ser “práctico y rápido”.

Por eso para mí, ese tomarse el tiempo, demorarse es lo que implica cuando uno desea generar cambios que puedan ayudar en la sostenibilidad del ambiente; y vuelvo a decirlo, para nuestra sociedad eso no es eficiente porque “todo debe ser rápido”. Reciclar y separar la basura, usar copas menstruales, usar productos naturales de cuidado personal; que son actividades cotidianas, íntimas; implican demorarnos un poco más y esto es opuesto a la lógica de la sociedad; por eso creo que aún cuesta tanto practicar actividades sostenibles con el ambiente. Y para ello es necesario no solo abordar estas prácticas desde la educación, se necesita también el involucramiento del mercado, de la economía, de todo el sistema.

4)Por último, el Ecofeminismo constructivista, a grandes rasgos, plantea que no existe una esencia femenina inherente que vincule a las mujeres con la naturaleza; por el contrario, las construcciones sociales son las que habrían designado su proximidad con la destrucción del medio ambiente. Es decir, la posibilidad de experimentar de primera mano el daño ecológico, es resultado de la opresión que ambas han padecido.

Así, desde su perspectiva, ¿considera que, finalmente, la intervención de las mujeres en la defensa del medio ambiente ha logrado reivindicar el epítome feminista “lo personal es político”?

Sí definitivamente.

La frase “lo personal es político” se dio en la segunda ola del feminismo, que es también cuando surge el ecofeminismo; lo que se buscaba con la frase en ese momento era la apertura de los asuntos “privados” a la discusión y al análisis político. Y actualmente, tiene diversas reinterpretaciones; pero al sumarle la preocupación por la ecología lo que tenemos es que la vida privada de los cuerpos individualizados incide en las acciones, elecciones de los demás, de lo público, de lo político. Ello considero que está enraizado con la noción de ecodependencia que desde el ecofeminismo se rescata: la vida humana depende de la vida de otros seres y otras especies. En nuestras acciones más individualizables posibles no nos beneficiamos o perjudicamos solo nosotros si no también generamos impacto en todo lo que nos rodea; por ello, “lo personal es político” pienso que es aún tan vigente como cuando empezó a usarse por primera vez, porque implica esa capacidad de abrirse para los otros, los demás.

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