Cambios, avances y retos del feminismo en el Perú: análisis alrededor del ecologismo y la diversidad cultural

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Escrito por Mariel Abad, miembro del Área de Investigación del Equipo de Derechos Humanos

El movimiento feminista en el Perú: historia y postulados

El inicio del movimiento feminista en el Perú se remonta a las primeras décadas del siglo XIX. En el año 1838, Flora Tristán se convierte en la primera mujer de la historia republicana que escribe sobre las mujeres del Perú. Décadas después, personajes como María Jesús Alvarado criticarían las instituciones y la estructura existente que no permitía la igualdad material de derechos entre hombres y mujeres, una de las metas del feminismo [1]. Luego, en las décadas de los 70 del siglo XX vuelven a surgir movimientos feministas que, en su mayoría, se identifica con la vertiente feminista propiamente dicha-resultado de la toma de consciencia de su situación de subordinación- [2].

Así mismo, en las décadas de los 90 el Estado comienza a reconocer, sin muchas garantías y cambios profundos, los derechos de las mujeres que ya habían internalizado el “derecho a tener derechos” [3]. Pese a los avances materiales logrados por el movimiento feminista peruano, este se ha olvidado de la diversidad cultural. En esa misma línea, durante estos años, el feminismo peruano no parece vincularse con los movimientos ecologistas aun cuando hace décadas ya había iniciado a desarrollarse el movimiento ecofeminista. En el presente trabajo se desarrollarán ambas aristas como retos y avances del feminismo peruano para, luego, ahondar en el desarrollo del ecofeminismo en el Perú.

Feminismo de corte occidental en el Perú

La historia de la humanidad siempre la ha contado solo un lado de esta. Por siglos, los hombres blancos, casados, propietarios y mayores de edad han sido los protagonistas del derecho, descubrimientos científicos, arte y literatura. Tal como plantea Paliza, el feminismo en el Perú no ha sido ajeno a esta tendencia de homogeneizar y partir desde un solo discurso. Para la autora, los discursos del feminismo peruano sobre el género y patriarcado giran en torno a un grupo específico de mujeres – blanca, heterosexual, de clase media y alta, urbana y occidental – [2]. Incluso, el enfoque de género, herramienta feminista para la visibilización de la situación de la mujer en la sociedad, se ha instrumentalizado pensando en el modelo occidental de femineidad [2].

En el Perú se hablan más de 47 lenguas originarias, los pueblos originarios tampoco son homogéneos y, en cada uno, el rol social de la mujer puede variar. Además, las mujeres afrodescendientes también viven la lucha contra la opresión a su manera. Un ejemplo de ello es la búsqueda de reivindicación del cabello afro. En este sentido, para comprender en extensión la situación de subordinación de la mujer en el contexto actual, es innegable que el feminismo necesita interiorizar que la lucha no es homogénea. Una evidencia concreta del reto que significa para el feminismo peruano romper con el discurso hegemónico es que, según Gómez, hasta el año 2004 no existía ningún movimiento feminista consolidado en las regiones que rescate los valores ancestrales de la ciudadanía [3].

El feminismo (o no) de las mujeres originarias

Ya planteado el reto que representa la diversidad etno-cultural peruana para el feminismo, es preciso desarrollar la situación de las mujeres originarias. La subordinación y la violencia ejercida sobre el cuerpo de la mujer originaria tienen un origen interno y externo. Por un lado, se reconoce que llegó de la mano de la invasión colonial y, por otro lado, que sus propias costumbres mantienen subordinadas a las mujeres. Sin embargo, algunas mujeres indígenas, como Silva Rivera Cuscanqui, consideran que las relaciones patriarcales comenzaron con la colonización y, por ello, no existe un patriarcado precolonial [4].

Ante la disyuntiva, es impensable negar que el patriarcado precolonial existió. Las relaciones entre mujeres y hombres indígenas no fueron solo equitativas. Por ejemplo, los cuerpos femeninos han servido de botines de guerra y objetos de trueques matrimoniales [4]. Con ello, son las mujeres indígenas en Latinoamérica las que inician a plantear un feminismo indígena. No sólo proponen la existencia de un patriarcado precolonial, sino que, plantean como factor trascendental una alianza entre los colonizadores y los colonizados con el fin de oprimir a la mujer [4]. Precisamente, la propuesta de un feminismo indígena es un paso significativo para que el feminismo peruano se reacomode a la diversidad cultural del país. A pesar de luchar contra el patriarcado y el capitalismo extractivista, muchas mujeres peruanas no se reconocen como feministas.

Destaca el análisis de Virginia Vargas publicado hace casi dos décadas. Sostiene que el feminismo, como cualquier movimiento social, no es ajeno a los cambios de la época pues busca responder a los cambios y carencias sociales del momento [2]. Ergo, los feminismos postcoloniales, como el indígena, plantean una aproximación entre el género y la cultura para integrar las voces antes no escuchadas. El seno del feminismo debe recoger las demandas de las mujeres indígenas – la lucha por la tierra – y no imponer una sola forma de emancipación [3]. En este sentido, el feminismo peruano tiene una conexión impostergable con el ecologismo.

El ecofeminismo: orígenes, planteamientos y corrientes

El término ecofeminismo fue presentado por primera vez por Françoise de d’Eaubonne en 1974. Para ella, el ecologismo es “la ciencia que estudia las relaciones entre los seres vivos entre sí y el medio físico en el que evolucionan”, y, además, comprende que el agotamiento de los recursos y la sobrepoblación son problemas fundamentales [5]. Así, el mandato patriarcal de reproducción recae en las mujeres. Con los años, el ecofeminismo fue desarrollando y aportando nuevas ideas a la lucha contra la subordinación de la mujer y la sobreexplotación de la naturaleza. Inicialmente, se planteó la semejanza inherente de la mujer con la naturaleza; sin embargo, fueron refutadas por otra parte del movimiento que cree que tanto mujeres como varones participan en el mundo y no está uno más cercano que el otro a la naturaleza [5].

Así mismo, existen diversas corrientes del ecofeminismo que se desarrollan en el mundo. El trabajo realizado por Alfaro destaca la existencia de al menos siete enfoques con matices internos. Algunas corrientes son el ecofeminismo anarquista, el comunitario, el ecofeminismo del Sur y el espiritualista. La mayoría de estas tiene en común la perspectiva del necesario involucramiento de toda la sociedad, y no solo de las mujeres, para remediar el desastre ecológico. Todas las corrientes son críticas del capitalismo, y parten del feminismo y de la ecología política [6].

Ecofeminismo en el Perú: movimiento social en proceso

La literatura sobre la tierra, territorio y poblaciones originarias encuentra una obvia conexión entre la subordinación de las mujeres y la explotación de la naturaleza. Ambas siguen lógicas capitalistas y patriarcales. La penetración colonial a territorios ajenos implicó también la dominación de cuerpos ajenos. Ello llevó a una perpetuidad de desventajas y discriminación hacia las mujeres originarias [4]. Asimismo, lo mismo ocurre en los conflictos medioambientales producto de las actividades extractivas. Las decisiones de los proyectos las toman los hombres blancos de saco y corbata, mientras intentan dividir la negociación colectiva de las comunidades.

En el Perú, la inmensa mayoría de conflictos sociales reportados por la Defensoría del Pueblo son de índole socio ambiental con relación a proyectos extractivos. En estos el acoso sexual y el control del cuerpo de las mujeres forman parte de los discursos patriarcales que se refuerzan por las actividades extractivas. Los cuerpos, en especial los femeninos, y la naturaleza son concebidos como apropiables y sacrificables para la obtención de capital [7]. Además, frente al consumismo desmedido el ecofeminismo propone una lógica de cuidado universal ya que el cuidado y la crianza son actividades que tanto hombres como mujeres pueden realizar.

Pese a que las propuestas del ecofeminismo postulan solucionar diversas problemáticas que aquejan a la sociedad peruana, son pocas las mujeres que se identifican bajo este movimiento. Siguiendo la clasificación de las corrientes, en el Perú prevalece el ecofeminismo comunitario que denuncia el extractivismo y proponen el sumal kawsay o el buen vivir [6]. Destacan las defensoras ambientales como Máxima Acuña y las asociaciones y ONG que realzan la conexión entre la mujer y la naturaleza. Sin embargo, Alfaro menciona que esta corriente peruana es más ecologista que feminista pues dentro de sus discursos de lucha incorporan aún expresiones machistas que reafirman el patriarcado [6].

En ese sentido, no es suficiente solo establecer una conexión entre la subordinación de las mujeres y la naturaleza. Los discursos machistas y las relaciones desiguales están presentes en la sociedad peruana desde, incluso, tiempos precoloniales. Por ello, es necesario que se internalice en la subjetividad de las mujeres peruanas, sobre todo en las pertenecientes a pueblos originarios, pues son ellas las más afectadas por el extractivismo insostenible y el cambio climático. No corresponde reducir la situación de las mujeres a la mera determinación de que ellas son las más impactadas por el cambio climático. Esta situación de vulnerabilidad es producto de que el capitalismo está interrelacionado con el patriarcado, los cuales normalizan las actividades de cuidado de las mujeres que no son remuneradas [8].

A modo de conclusión: los retos actuales y a futuro

El feminismo se adapta a la cultura, las circunstancias geográficas y al momento histórico específico. Los retos para cualquier movimiento social durante la pandemia por la COVID 19 son muchos. Sin embargo, el ecofeminismo, como se mencionó, responde a distintas problemáticas sociales, ecológicas y políticas del Perú. Es indispensable desarrollar más, mediante la investigación científica y el trabajo de las asociaciones de base, el ecofeminismo como un movimiento social y una forma de entender las relaciones políticos-sociales de las mujeres en comunidad. Para esto, es fundamental que el feminismo logre adaptar sus discursos a la sociedad peruana y no esperar que esta se adapte a los feminismos hegemónicos. Con ello, el discurso ecofeminista será interiorizado en la subjetividad de las mujeres peruanas con mayor rapidez, pues reivindicará luchas que identifican como propias.
Sobre los retos a futuro, la degradación de los ecosistemas y el cambio climático acarrea grandes desventajas para las mujeres en el Perú. El sistema capitalista y patriarcal funciona, en parte, por las actividades de crianza y cuidado que realizan las mujeres en las zonas más afectadas por esta problemática ambiental. El reto actual es reivindicar el cuidado y la crianza como actividades humanas, no exclusivamente femeninas. Por otro lado, el feminismo enfrenta un reto constante, evitar la homogeneización de la lucha y responder a las necesidades de cada grupo particular de mujeres. El derecho a la igualdad entre mujeres y varones, indígenas y afrodescendientes, heterosexuales y homosexuales está positivizado por el Derecho; pero, en la práctica, el feminismo es una herramienta para destapar la opresión entre estos grupos.


Imagen de Fondo Acción Urgente

Referencias:

[1] Goicochea, J. (2020) Reflexiones sobre «el problema de la mujer» en el Perú. Argumentos.https://www.revistaargumentos.iep.org.pe/index.php/arg/article/view/21/8

[2] Paliza, A. (2017). Feminismo para todas: mujeres y diversidad cultural. [Segunda especialidad, Pontificia Universidad Católica del Perú]. Repositorio.

[3]Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán. (2004, 16-17 de septiembre). 25 años del feminismo en el Perú: historia, confluencias y perspectivas. Seminario Nacional.http://www2.congreso.gob.pe/sicr/cendocbib/con4_uibd.nsf/C08CBB7DF991A3FF05257B1700675D74/$FILE/BVCI0003574.pdf

[4] Dorronsoro, B. (2013) El territorio cuerpo-tierra como espacio-tempo de resistencias y luchas en las mujeres indígenas y originarias [coloquio]. https://cabodostrabalhos.ces.uc.pt/n10/documentos/11.3.1_Begona_Dorronsoro.pdf

[5] Anzoátegui, M. (2019, julio). Desplazamientos de los discursos hegemónicos en la teoría feminista: El feminismo ecológico y animalista como nuevas perspectivas. Revista Nomadías, 27, 33-50.

[6] Alfaro, K. (2015, julio). Aproximaciones Teóricas a los Ecofeminismos. Una mirada desde el Perú. En Desarrollo Ambiental. https://cutt.ly/wlfbYxm.

[7] Colectivo Miradas Críticas del Territorio desde el Feminismo. (2017). (Re)patriarcalización de los territorios. La lucha de las mujeres y los megaproyectos extractivos. Ecología Política, (54), 65-69.

[8]Rodriguez, M. (2019). La justicia climática debe ser antipatriarcal. Enraizando nuestro activismo en el suelo fértil de nuestras diversidades. En Silva Santiesteban, R. (ed.), Mujeres indígenas frente al Cambio Climático. Grupo Internacional de Trabajo sobre Asuntos Indígenas.

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